
Herzog no defrauda en este documental. Tal y como cabía esperar, nos conduce por un recorrido personal y único entre los habitantes seleccionados para vivir en este inhóspito lugar. Digo seleccionados, porque todos ellos tienen un "don" -o algo freak, más bien- que les permite soportar vivir cinco meses diurnos seguidos. Como las criaturas de lo más hondo de las profundidades antárticas, sus gentes en la superficie parecen haber salido de una película de ciencia ficción, y contar con ese carácter extravagante de quien sabe que su futuro ya está decidido por algún acontecimiento sobrenatural.
La Antártida resulta ser un mundo paralelo al nuestro, donde nada ocurre como en latitudes más templadas. Todos sus pobladores parecen haber nacido con el único objetivo de llegar allí. Es el lugar donde se han encontrado todos aquellos que huyeron de un mundo que no compartían, nos dice uno de sus protagonistas.
Miedo dan los ojos de sus habitantes, su forma de hablar, sus gestos algo lunáticos, su berborrea o su silencio. Miedo dan las grandes llanuras, las ventiscas, la atmósfera quieta. Las tomas bajo la gruesa capa de hielo congelan los huesos tanto dentro del mar como en el cráter del volcán y en las cuevas naturales o excavadas. Una belleza brusca y dificil, casi imposible.
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