sábado 10 de enero de 2009

Amici Miei (1955) (y Amici Miei atto 2 -1982), de Mario Monicelli

UNA ALEGORÍA DE LA BREVEDAD DE LA VIDA


Acabé de ver estas dos películas ayer por la noche, seguidas, y por contar Mario Monicelli con los mismo actores protagonistas (menos uno, que cambia) y seguir con la misma línea argumental del recuerdo, podrían ser no más que dos capítulos de la misma serie. La primera es más ruidosa y la segunda más reflexiva, para dejarnos conocer un poco más a fondo a sus personajes.


No conocía la obra de este director, y haber caído en su amplia trayectoria precisamente en estas dos películas (la primera me llevó a la segunda, claro), lo considero una señal de que hay que seguir investigando.


Cinco amigos de mediana edad se dedican a hacer de su vida algo menos miserable saliendo juntos a hacer “cingaradas”. Escapadas que se sabe cuándo empiezan, pero no cuándo terminan, ni dónde, ni cómo. Reuniones en los que se puede hacer lo que sea con tal de pasarlo bien, y que se convierten en una serie interminable de bromas pesadas (o no tanto) que a mi me han dejado la sonrisa puesta durante las 2 horas que dura cada parte.


Los cinco hombres, tan diferentes entre sí, no dudan en ponerse de acuerdo para montar cualquier escándalo en lugares públicos o con sujetos particulares que se cruzan por su camino. Y pueden dedicar días y semanas enteras a ello. Efectivamente, es esa amistad basada en la diversión y la irreverencia reside el objetivo central de sus vidas, que por lo demás poco satisfacen a los protagonistas.


La muerte y el paso del tiempo tienen un especial papel en ambas cintas. Poco de héroes tienen estos hombres, que han de sufrir y morir como lo hace cualquier otro. Una película que demuestra que la vida es cruel, y precisamente por ello, hay que vivirla.


Por cierto que hay una tercera, pero la dirige Nanni Loy.

jueves 8 de enero de 2009

Entre les Murs, de Laurent Cantet (2008)

ÚLTIMA PALMA DE ORO



Y seguramente no será mucho más conocida por eso en nuestro cines. Se estrena el próximo viernes, después de haber pasado por multitud de festivales (entre ellos, el MUCES) y ser aclamada por lo críticos de medio mundo. Laurent Cantet cuenta de la gira mundial en la que ha presentado la película que le sorprende la internacionalidad de la cinta, y que las preguntas que le han hecho en Asia o en EEUU redondean los mismos temas: el poder, la pertenencia a una comunidad, la disciplina y la integración. La situación que refleja La Clase (en su título en español) se corresponde con una realidad presente en muchas ciudades del mundo.

Es esa naturalidad para contar las cosas, esa sensación documental de introducirnos como uno más en un aula de un instituto a través del objetivo, lo que me hace vivir tan intensamente la cinta. Muestra a un grupo de chicas y chicos adolescentes, en medio de dos culturas, la familiar y la nacional, que se niegan a admitir que son franceses porque con frecuencia, en nada lo sienten. Son irreverentes, siempre están a la defensiva. No saben de nada, pero desconfían de todo lo que les puedan enseñar en la escuela. Tienen buen corazón, pero lo protegen con uñas y dientes de las miradas ajenas.

Cantet cuenta que los intérpretes, alumnos de un instituto parisino, sacan parte de su propia personalidad en la grabación, pero que todo lo que ocurre responde a un guión preestablecido. Actúan, por tanto, pero ¿cuándo aprendieron a hacerlo? A este grupo de jóvenes se les ha dado la oportunidad de ser reflejo de su generación, y parece ser que lo han aprovechado bien.

domingo 30 de noviembre de 2008

Encuentros en el Fin del Mundo, de Werner Herzog (2008)

AL OTRO LADO DEL BLOQUE DE HIELO


Herzog no defrauda en este documental. Tal y como cabía esperar, nos conduce por un recorrido personal y único entre los habitantes seleccionados para vivir en este inhóspito lugar. Digo seleccionados, porque todos ellos tienen un "don" -o algo freak, más bien- que les permite soportar vivir cinco meses diurnos seguidos. Como las criaturas de lo más hondo de las profundidades antárticas, sus gentes en la superficie parecen haber salido de una película de ciencia ficción, y contar con ese carácter extravagante de quien sabe que su futuro ya está decidido por algún acontecimiento sobrenatural.

La Antártida resulta ser un mundo paralelo al nuestro, donde nada ocurre como en latitudes más templadas. Todos sus pobladores parecen haber nacido con el único objetivo de llegar allí. Es el lugar donde se han encontrado todos aquellos que huyeron de un mundo que no compartían, nos dice uno de sus protagonistas.

Miedo dan los ojos de sus habitantes, su forma de hablar, sus gestos algo lunáticos, su berborrea o su silencio. Miedo dan las grandes llanuras, las ventiscas, la atmósfera quieta. Las tomas bajo la gruesa capa de hielo congelan los huesos tanto dentro del mar como en el cráter del volcán y en las cuevas naturales o excavadas. Una belleza brusca y dificil, casi imposible.

domingo 23 de noviembre de 2008

La Ciudad de los Frascos, de Baltasar Kormákur (2006)

FIN DE SEMANA DE CINE... NO SIEMPRE BUENO



Acabo de volver de mis dos días de descanso de la gran ciudad... ¡Ay, cuánto la he echado de menos! Para ser justa, hay veces que veraderamente necesito salir de aquí y tomar aire, pero desde hace un tiempo tengo mono de sus calles, su gente, su noche y su día... parece que no pueda cansarme nunca de pasear y mirar como pasa el tiempo aquí.

El cine en esta ocasión es lo que me ha empujado a salir. El Muces, en Segovia, en una muestra de cine europeo que ya va por su tercera edición. La segunda, el año pasado, no pude ir (esta ciudad me tenía atrapada incluso contra mi voluntad). Desde el viernes he visto cuatro películas y compruebo que las cosas no han cambiado mucho con la relativa expereincia.

En cuanto a las películas proyectadas, y la gran oportunidad que ofrece esta muestra de ver ese cine que casi nunca llega a nuestras salas, he de decir que el festival sigue siendo una gran lotería. Por un lado, por la poca información que la desorganizada-organización da sobre las cintas que se proyectan. A parte del nombre, el director y el país de origen, poco o nada más se puede saber de una película antes de cruzar las puertas de la sala. Algunos pensaréis que así es mejor, que uno entra libre de prejuicios... De acuerdo, pero aún sin prejuicios hay películas que hubiera deseado no ver nunca.

El otro gran fallo de la organización, además de su ausencia, es la poca mano izquierda de sus voluntarios o empleados. Esto de tratar a los asistentes a un pase como si fuera un rebaño... ¡pero qué está pasando con los buenos modales! ¡No se puede amenazar a la gente para que se siente en la butaca!

Superadas las dificultades técnicas y las bromas pesadas que el azar me depara al elegir a dedo, por lo menos he podido ver una película que me ha encantado: La Ciudad de los Frascos, un thriller islandés de Baltasar Kormákur. Esta vez es especialmente interesante investigar con IMDb sobre este cineasta, porque hasta ahora nada sabía de él. Ya tiene seis títulos a su nombre, además de ser actor en muchos más.


La película descubre un asesinato con una historia enrevesada a la vez que lógica, y clara. Son muchas las películas que confunden el thriller con la acción ultimamente, en las que al final el peso de la historia se desvirtúa con efectos y un ritmo de montaje que nos hace casi imposible comprobar la veracidad de un hilo argumental con más que dudosa continuidad. En La Ciudad de los Frascos, con total tranquilidad, el transcurso de la historia nos engancha en una dificil situación que reúne a tres generaciones de desconocidos que comparten más de un secreto cruel. Personas que se descubren solas, en un paisaje duro, frío y oscuro en el que los amigos parecen no existir. Kormákur consigue con su óptica traer a la sala un punto tan lejano como es Islandia, hasta tocar mi corazón mediterráneo.

jueves 13 de noviembre de 2008

debería ser ENCUENTROS EN EL FIN DEL MUNDO

Y digo debería ser, porque no ha podido ser. Hoy en vez de escribir para comentar una peli, escribo para comentar mi mala suerte. Vale que este documental, cuyo trailer promete un montón, lleva en el cine cosa de tres semanas, y que con eso ya es para no quejarse, que a este género le den tal margen no es nada común... pero por unas cosas y otras no he podido ir antes.

El caso es que ya la semana pasada vi que solo lo mantenían en una sesión, a las 22:30, y por supuesto solo en un cine. Y hoy, jueves, antes de que mañana cambie la cartelera, y tras asegurarme de que seguían proyectándola, he estado haciendo tiempo por la calle para asistir a esa última sesión... y cuando he llegado a comprar las entradas he visto que, efectivamente, es el último día que podría haberla visto, porque sí, efectivamente, me la he perdido: han cambiado la sesión a las 19:45.

Así que aquí estoy, buscando la manera de poder ver esta última cinta de Werner Herzog, aunque haya dejado pasar la oportunidad de disfrutarla en pantalla grande. Si alguien se entera de que la proyectan en Madrid otra vez... por favor que me avise.

martes 11 de noviembre de 2008

ALIENS, de James Cameron (1986)

LO BUENO ES TAMBIÉN IRREPETIBLE.

Este post pretendía hacerlo como final al anterior, pero por fin le he dado espacio propio. En realidad todo lo que tengo que añadir es que la misma noche que vi Alien, continue con Aliens... que decepción. Si la había visto, no la recordaba. Algo en mi memoria me dice que el robot transportador que acaba decidiendo el final no era la primera vez que lo veía... pero no estoy segura. Yo entiendo que hay que aprovechar el tirón de un éxito, pero siendo director, ya que te dan la oportunidad de crear una historia con ciertos parámetros... no sé, por lo menos cúrrate un desenlace nuevo, ¿no? Y aprende de los grandes momentos de la primera. Aquí no hay tensión, solo carnicería, y además mala. De lo poco que sabemos de Alien, todos habrían muerto quemados con las salpicaduras de tantos trozos desparramados.

Vale que la idea es muy diferente, que ahora se busca un publico más amplio, y que se quieren satisfacer los instintos de violencia y destrucción... pero con un poco más de arte, por favor.

ALIEN, de Ridley Scott (1979)

LA CIENCIA FICCIÓN QUE YA NO VOLVIÓ














Ni yo misma me esperaba encontrar escribiendo de Alien a estas alturas. Nunca le dedico tiempo a las novedades de ciencia ficción, en general porque no me gustan, pero el otro día volví a ver la primera entrega del extraterrestre mejor logrado (lo siento por ET) y me emocioné. Sentada en mi sofá, cojín en mano, me vi las 2 horitas de la versión de director... ¡se me pasaron como diez minutos, y eso que ya me sé la película de memoria!

Todos la conocéis, poco os podría descubrir de ella. Me quedo con todo lo que iba pensando cuando la veía. La tensión está medida con perfección, y en toda la primera hora del metraje predominan solo dos sonidos: el ambiente de la nave, y la ventisca del planeta, mucho más fuerte, sobre la que apenas pueden oirse las voces, como si nosotros estuvieramos de hecho allí fuera y sin escafandra.

Dos sonidos y apenas acción son suficientes para, a medida que conoces a los personajes y te familiarizas con en universo en que se mueven, envolverte totalmente en los hechos que están por venir. De ahí, en un ritmo que nos parece frenético - aunque en realidad se toma otra hora completa para contarlo- alien consigue entrar a la nave y acabar con la vida de sus tripulantes.

No hay explicaciones. Los tripulantes toman consideraciones más que dudosas sobre el origen del bicho. Se toman con total tranquilidad que esa cosa esté en la cara de su colega. Claro, que él primero se introdujo en una nave alienígena sin miedo ni previsión alguna. Las decisiones van surgiendo sobre la marcha, sin preocuparse por no saber de lo que se trata, y el orden de acontecimientos, lejos de hacerles perder los nervios, les convierte en cazadores de un monstruo que, aun sabiendo que está muy por encima de ellos, prentenden atrapar como si fuera un simple animal.

Todo esto no es una crítica. Lo contrario: es perfecto. La tensión sube cuanto menos conocemos y nos vemos arrastrados a una persecución sin sentido. La nave de pronto es oscura y peligrosa, nada de la limpieza y la claridad que al principio nos trasmitía cierta inquietur. Ahora lo que hay es miedo.

Alien cambia de forma en cada nueva aparición, y crece rápidamente. En unas horas pasa de embrión a adulto. Sale a través del cuerpo de un compañero, atrapa a otros enteros, y si le hieren, su misma sangre deshace la nave. Pero los tripulantes pasan de la sorpresa al odio en segundos. Tan solo una de las mujeres se deja llevar por el pánico. Es quizá la única respuesta lógica que encontramos en tan poco tiempo en un ser humano, pero en la pantalla se le ve condenada a morir desde el primer momento.

Lo mejor es la figura de Alien. Sólo lo vemos en contadas ocasiones, y unos segundos, en los encuentros con los protagonistas. Ellos lo ven aún menos porque están separados. En realidad no tienen ni idea de a qué se enfrentan en cada nuevo encuentro. Sin embargo, su presencia es constante. Desde que comienzan a perseguirle Alien está sin necesidad de ser visto. Algo así se repite en muchas películas, como en Jurasic Park, pero en Alien el tiempo de pantalla es realmente mínimo.

El espectador está tan perdido como los personajes. Busca arriba y abajo, pero no lo ve, solo lo siente. Así nos lanzamos hasta el final de la película. Ripley parece no conocer su propia nave porque incluso tú ves que algo raro está ocurriendo... ¿Cómo es posible que no se de cuenta de que tiene a alien frente a ella? Ilógico pero fantástico. Un momento genial del cine.